miércoles, 4 de junio de 2014

¿Las mujeres cediendo sillas?

Un día que me encontraba hablando con unas compañeras de la universidad llegamos al tema del sexismo. Pero no desde el típico trato sobre los trabajos que son o no para hombres o mujeres, o cómo la publicidad hace uso de cuerpos sexualizados para vender o inducir a comprar ciertos artefactos que poco tienen que ver con una mujer en biquini o un hombre de músculos marcados. Hablábamos de TransMilenio y de buses.

Semanas después de que el gobierno distrital bogotano estableciera vagones de TransMilenio exclusivos para mujeres, luego de que incontables denuncias llegaran a las instalaciones de las propias estaciones del servicio de transporte masivo sobre posibles "manoseos" y abusos sexuales, entre los cuales se cuentan actos exhibicionistas y sobrepasados contra las mujeres, mis compañeras y yo debatimos un buen rato sobre el uso que tiene este tipo de transporte público en la sociedad. Dedujimos que si existe tanto machismo en la sociedad es gracias al también notorio feminismo, que en muchos casos se propaga por hombres.

Es posible que reciba algún tipo de objeción por parte de mujeres y la aprobación de los hombres, o viceversa. Solo planteo un punto que entre mis compañeras y yo pensamos que tiene algo de lógica: las mujeres son llamadas el 'sexo débil',  término que se reafirma por ellas mismas, en ciertas ocasiones. Y el ejemplo más claro es mientras un hombre y una mujer viajan en un bus. Hora pico. Cualquier parte del mundo.

Si un hombre viaja en bus cómodamente en su silla de pasillo camino a su casa después de trabajar o estudiar, y de repente se sube una mujer. Él la ve y le cede su lugar. Ella agradecida toma la silla y se sienta, mientras que él debe esperar el resto de su trayecto de pie. Esto puede pasar en cualquier ciudad del país o del mundo, si quiere compruébelo usted mismo esta noche.

En otra oportunidad puede pasar lo mismo, pero mientras usted (hombre) se encuentra sentado, llega usted (mujer) y le pide, decentemente, la silla, a lo cual, usted (hombre) gústele o no, termina haciéndolo.

La pregunta es ¿por qué pasa esto?, y la respuesta puede ser: ¿caballerosidad? ¿Costumbre?

Considero que es más costumbre que caballerosidad. Ustedes (hombres) se habituaron a tratar de generar el menor esfuerzo físico a ustedes (mujeres), como en ceder un puesto en un bus, en una fila, alzar a la novia llegando a la noche de bodas. Y no creo que sea caballerosidad porque es un término que se creó en la Edad Media para referirse a los hombres que viajaban sobre caballos para pelear en la guerra, y aunque conseguir una silla en TransMilenio pareciera una Odisea o una batalla campal, no lo es, y por tanto ceder un puesto tampoco lo es.

Y no está mal hecho ceder la silla. Es un simple análisis que realizamos entre tres personas, mientras viajábamos en TransMilenio, de pie.

No soy machista ni feminista. Soy una persona que analiza comportamientos de nosotros (mujeres y hombres) en el día tras día.

Quiero concluir con, espero que no sea así, una utopía: usted (mujer), piense en un día que haya salido de trabajar o de estudiar y viaje en hora pico, sentada, en TransMilenio y en la estación de la Calle 76, se suba usted (hombre), un joven universitario, luego de salir de clase, cansado y con dolor de piernas y cabeza, y usted (mujer), sin que nadie se lo pida, ceda su silla a usted (hombre). Sería muy gratificante tanto para usted (hombre) como para usted (mujer), y es posible que haga soltar una que otra sonrisa de algún viajero.

Posdata: (hombre) por favor, no confunda un gesto de solidaridad como ceder una silla, con un acto de coquetería. Ahórrese la vergüenza.

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