lunes, 20 de octubre de 2014

¿Somos niños cuando somos niños?

A propósito del documental 'A los seis', realizado por Margarita Rodríguez y narrado por Carlos Vives, en donde se cuenta la historia paralela de 6 niños en el proceso de su vida diaria, el aprendizaje en sus respectivos colegios y su entorno familiar y social, surge una inquietud sobre la niñez, y es: ¿realmente somos niños cuando somos niños?

Basta con escribir esta pregunta a la que se le puede tildar de confusa, pero que en realidad nace de lo que me dejó el documental 'A los seis', transmitido el pasado fin de semana en el horario triple A del Canal Caracol, para cuestionarnos sobre qué es realmente lo que pasa en una de las etapas más sinceras, divertidas e inocentes de nuestras vidas. Especialmente en nuestro país.

Es bien sabido, hasta la saciedad, que hemos vivido en un conflicto armado durante más de 50 años, con más de 6 millones de víctimas, y miles y miles de desaparecidos, asesinados y secuestrados; que la sociedad colombiana es una de las más desiguales del mundo y que nuestro nivel académico según pruebas internacionales no es que sea el mejor, de hecho es uno de los más bajos... Es bien sabido, reitero, todo esto. Y es precisamente ese el problema, el culpable al que llegué después de ver 'A los seis': cómo niños de diferentes sectores socioeconómicos y geográficos del país tienen tan marcadas diferencias entre sí.

El problema surge por la falta de oportunidades y en la desigualdad para acceder a ellas, a causa de eso que nos han repetido por más de 50 años.

Los niños han dejado de ser niños. La violencia, el despojo de tierras, la miseria, la ausencia de un Estado y de un padre, por un lado, y por el otro, la opulencia, la hipertecnología, la burbuja que forma la televisión, el Internet, el cine, el exceso.

Los niños, obligados o no, han dejado de ser niños para ser pequeños adultos. Si vamos al caso de Samuel, de familia acomodada, de estrato 5 o 6, es quien desde que despierta está conectado al iPad o al televisor. Pero si hacemos un salto hasta el Pantano de Vargas, en Paipa (Boyacá), Caren junto a sus hermanos cocinan en una estufa de leña y barro para su familia. A Jonathan en Pereira, a Sofía en Bucaramanga, a Samuel en Bogotá, a Caren en Paipa, y a Yeimy en Putumayo los llevan sus padres en camionetas, moto, rutas o chalupas al colegio o centro educativo distrital, mientras que a Seiner, el afro de Tierra Bomba (Bolívar) lo lleva el sol, sus ganas de estudiar.

¿A dónde se fueron los juegos infantiles? ¿Por qué los niños pasan más tiempo haciendo actividades de adultos que disfrutando de correr, saltar, mojarse, caerse, de reír? ¿Acaso no son niños? No quiero clasificar qué tiene que hacer cada miembro de una familia en su hogar, ni quién debe cocinar o lavar, pero estoy seguro de que los niños disfrutan más un partido de fútbol, jugar a las muñecas, golosa o a las escondidas que estando en una cocina o trabajando la tierra.


Si no me creen, pónganlos a escoger, pregúntenles y se darán cuenta que lo que quieren es ser niños, no adultos.


domingo, 5 de octubre de 2014

#Fútbol: lo que un clásico significa

Más allá del resultado que se haya presentado hoy en el Estadio Nemesio Camacho El Campín, entre los equipos Independiente Santa Fe y Atlético Nacional, que a propósito fue de 0 -1 a favor de los "verdolagas", impacta que el fútbol en nuestro país haya sido reducido a un interés económico de un grupo industrial, la burla hacia la hinchada (en general y sin importar el equipo) y sobre todo, haber dejado a un lado "lo bonito del fútbol": la sudada de camiseta, el respeto a los himnos de cada región y del país, las barras que se esforzaban por hacer de cada partido una fiesta y claro está, eso que ahora llaman en casi todos los partidos como "Clásico".

Desde que mi papá me llevó a la cancha del Campín por primera vez, hacia principios de este siglo, tengo muy claro lo que significa el término, quizá, periodístico de "El Clásico bogotano" o "El Clásico capitalino": el Nemesio pintado de azul y de rojo en las tribunas, los 'Millos' y el 'Expreso Bogotano' cantando arengas y barras apoyando a su respectivo color y echando uno que otro 'vainazo' al rival de patio. El estadio dividido, mitad rojo, mitad azul. En la lateral sur: La Guardia Albi Roja Sur  y en la lateral norte: Los Comandos Azules. Así eran mis "Clásicos".

Algo que tengo bastante claro es que los partidos "clásicos" son los que se han presentado de manera tradicional y que siempre que se llevan a cabo "todo puede pasar". Así Millonarios vaya en la cima de la tabla o sea Santa Fe el líder, cuando estos dos se enfrentan se suele decir que "clásico es clásico" y cualquier marcador se puede presentar.

Y precisamente el "Clásico capitalino" es ese que se ha presentado en 295 ocasiones (incluidos Primera división, Copa Colombia y Superliga), de los cuales Millonarios se ha llevado 112 victorias, frente a las 81 victorias Santafereñas y 102 empates (que casi siempre aburren a ambas aficiones). El mismo que ha tenido como historial la suma de 810 goles, de los cuales 367 son del rojo y 443 de los azules. Lo aquí mencionado ha sucedido durante 63 años de historia que tiene el fútbol profesional colombiano.

Pero ya no es así. Desde el momento en que se dio vía libre a que hinchas de los equipos compraran abonos para asistir a todos los partidos como locales en la fase de "todos contra todos", el fútbol se volvió un despelote. Y esto no quiere decir que haya sido una mala decisión por parte de los equipos y la Dimayor (ente máximo del fútbol en Colombia). Al contrario, es un incentivo para que los equipos sean acompañados por sus hinchas en "las buenas y en las malas" pagando un poquito menos que por la boletería por partido. Pero debido a esto el "clásico" dejó de ser "clásico".

En partidos en que Santa Fe es local, el 70 u 80 por ciento del aforo corresponde a la hinchada cardenal y el restante para Millonarios. Y de igual manera, cuando los "Embajadores" son locales, el 80 o 90 por ciento de la tribuna es para Millonarios y lo que sobra para Santa Fe. Ahora la Policía Nacional tiene que separar a estas dos hinchadas por espacios de 20  metros para evitar enfrentamientos. Como si no supiéramos convivir con el que es diferente. El "Clásico bogotano"se convirtió en insultar al rival cuando este es visitante porque tienen menos espacio para sus hinchas, y aguantarse ofensas cuando el equipo de uno ahora es el visitante. Algo que se cae de su propio peso.

Hoy, con el respeto que merecen todas las opiniones, hubo "clásico" en Bogotá. Y no me refiero al enfrentamiento como tal entre Independiente Santa Fe y Atlético Nacional, porque ese partido no tiene nada de clásico ni de tradicional, sino por el espectáculo en sí: mitad verde y mitad rojo, ambas hinchadas mostrando sus trapos, cantando sus barras, las tribunas casi que en igualdad de dimensiones para los "paisas" como para los "santafereños". Un "Clásico" como el del 9 de febrero de este año, entre Millonarios y Nacional en Bogotá que terminó 3 -1 a favor de los azules. No fue "clásico" por las veces en que se han enfrentado, sino por todo lo que lo hace ver como uno de verdad.

El "clásico" de hoy no tiene nombre, no como el "Clásico Bogotano o Capitalino". No fue "clásico" porque los noticieros quisieron llamar la atención en sus transmisiones dándole este nombre, sino que fue un "clásico" desde las tribunas. Nada más.


martes, 30 de septiembre de 2014

Carta a medios de comunicación

De manera muy sincera y respetuosa, quiero hacer un breve comentario sobre las acciones "periodísticas" a las que han recurrido algunos medios de comunicación. Y aunque sé que será improbable que alguno de ellos lea esta carta, espero que sea un alivio, al menos, personal o que llegue a ser un sentimiento similar al de otro lector de esta misiva y sea compartida y difundida.

Lo digo como periodista, o al menos como estudiante de periodismo, pero: ¿de verdad están siendo tan facilitas los medios de comunicación a la hora de "buscar" la noticia y reproducirla junto con diferentes contenidos de manera tan natural y "profesional"?

Es reconocido para todos nosotros, cibernautas, el discurso de los expertos en tecnologías que dicen que "el mundo cambió", que vivimos la "era digital", en "la web 2.0" o en el "mundo virtual" y que nos han metido en salones de clase y en cuanto anuncio aparezca en los medios de comunicación. No quiere decir esto que no sea cierto sino todo lo contrario. Es tan reiterativo el mensaje de la nueva era digital, que hemos llegado a tal punto de hacerlo todo, o casi todo, por Internet. Cosa que tampoco digo que esté mal hecha, más bien, una herramienta tan valiosa como el Internet está siendo mal utilizada.

Volviendo al tema de los informativos, he notado, y muchos de mis colegas también, que las agencias de noticias, noticieros, canales, emisoras o medios virtuales están tomando como fuente oficial YouTube o cualquier video que viaje por la red. No logro entender cómo un equipo de redacción de X medio contrate periodistas para revisar cuál es el video más visto, el más espectacular o el más compartido por usuarios. Debe ser una tarea muy ardua, incluso agotadora. He llegado a preguntarme si realmente contratan periodistas para hacer esa tarea. 

De igual manera es respetable todo lo que hacen los medios en sus emisiones informativas. Pero es bastante criticable el hecho de hacer pasar por noticia un video viral sin hacer un análisis sobre el mismo. Lo que se está convirtiendo en viral es que los medios vayan publicando videos y el texto que lo acompañe sea una narración idéntica del mismo video. Nada nuevo, ninguna historia con contexto.

No sé a dónde irá a parar todo esta tendencia visual. Espero que la función del periodista no siga reduciéndose a ser un buscador y analista de videos virales, sino que sea una labor más crítica y menos light, ya que para eso están los buscadores de Google.

Cordialmente,

Un periodista.




miércoles, 4 de junio de 2014

¿Las mujeres cediendo sillas?

Un día que me encontraba hablando con unas compañeras de la universidad llegamos al tema del sexismo. Pero no desde el típico trato sobre los trabajos que son o no para hombres o mujeres, o cómo la publicidad hace uso de cuerpos sexualizados para vender o inducir a comprar ciertos artefactos que poco tienen que ver con una mujer en biquini o un hombre de músculos marcados. Hablábamos de TransMilenio y de buses.

Semanas después de que el gobierno distrital bogotano estableciera vagones de TransMilenio exclusivos para mujeres, luego de que incontables denuncias llegaran a las instalaciones de las propias estaciones del servicio de transporte masivo sobre posibles "manoseos" y abusos sexuales, entre los cuales se cuentan actos exhibicionistas y sobrepasados contra las mujeres, mis compañeras y yo debatimos un buen rato sobre el uso que tiene este tipo de transporte público en la sociedad. Dedujimos que si existe tanto machismo en la sociedad es gracias al también notorio feminismo, que en muchos casos se propaga por hombres.

Es posible que reciba algún tipo de objeción por parte de mujeres y la aprobación de los hombres, o viceversa. Solo planteo un punto que entre mis compañeras y yo pensamos que tiene algo de lógica: las mujeres son llamadas el 'sexo débil',  término que se reafirma por ellas mismas, en ciertas ocasiones. Y el ejemplo más claro es mientras un hombre y una mujer viajan en un bus. Hora pico. Cualquier parte del mundo.

Si un hombre viaja en bus cómodamente en su silla de pasillo camino a su casa después de trabajar o estudiar, y de repente se sube una mujer. Él la ve y le cede su lugar. Ella agradecida toma la silla y se sienta, mientras que él debe esperar el resto de su trayecto de pie. Esto puede pasar en cualquier ciudad del país o del mundo, si quiere compruébelo usted mismo esta noche.

En otra oportunidad puede pasar lo mismo, pero mientras usted (hombre) se encuentra sentado, llega usted (mujer) y le pide, decentemente, la silla, a lo cual, usted (hombre) gústele o no, termina haciéndolo.

La pregunta es ¿por qué pasa esto?, y la respuesta puede ser: ¿caballerosidad? ¿Costumbre?

Considero que es más costumbre que caballerosidad. Ustedes (hombres) se habituaron a tratar de generar el menor esfuerzo físico a ustedes (mujeres), como en ceder un puesto en un bus, en una fila, alzar a la novia llegando a la noche de bodas. Y no creo que sea caballerosidad porque es un término que se creó en la Edad Media para referirse a los hombres que viajaban sobre caballos para pelear en la guerra, y aunque conseguir una silla en TransMilenio pareciera una Odisea o una batalla campal, no lo es, y por tanto ceder un puesto tampoco lo es.

Y no está mal hecho ceder la silla. Es un simple análisis que realizamos entre tres personas, mientras viajábamos en TransMilenio, de pie.

No soy machista ni feminista. Soy una persona que analiza comportamientos de nosotros (mujeres y hombres) en el día tras día.

Quiero concluir con, espero que no sea así, una utopía: usted (mujer), piense en un día que haya salido de trabajar o de estudiar y viaje en hora pico, sentada, en TransMilenio y en la estación de la Calle 76, se suba usted (hombre), un joven universitario, luego de salir de clase, cansado y con dolor de piernas y cabeza, y usted (mujer), sin que nadie se lo pida, ceda su silla a usted (hombre). Sería muy gratificante tanto para usted (hombre) como para usted (mujer), y es posible que haga soltar una que otra sonrisa de algún viajero.

Posdata: (hombre) por favor, no confunda un gesto de solidaridad como ceder una silla, con un acto de coquetería. Ahórrese la vergüenza.

jueves, 13 de marzo de 2014

No todos quieren a Peñalosa

Ganó Peñalosa. Las recientes votaciones legislativas del país dieron lugar a que también se votara por la Consulta Verde en donde se enfrentaron por la credencial de candidato presidencial: Camilo Romero, John Sudarsky, actuales senadores de la República, y Enrique Peñalosa, ex alcalde de Bogotá.

Con una arrasadora votación, Peñalosa se posicionó como el candidato presidencial de la Alianza Verde para las elecciones del próximo 25 de mayo para el periodo 2014-2018. La Alianza Verde ha lanzado gritos de victoria por esta decisión que podría llevar al exalcalde a dar una importante batalla contra el presidente-candidato Juan Manuel Santos.

La contundencia de la que tanto se vanagloria la Alianza Verde en su portal de Internet no es del todo cierta. Por un lado, el pantallazo inicial que arroja su sitio web indica que fueron "3,942,515 de ciudadanos nos apoyan y creen que ¡CON PEÑALOSA PRESIDENTE, PODEMOS". Y justo ahí es donde la mentira se hace notoria. ¿De dónde salen los casi 4 millones de votos que "creen que con Peñalosa sí podemos"?

El boletín número 27 de la Registraduría Nacional de la Consulta Interna dice que con el 89% de mesas informadas el total de votos recibidos por el Candidato Enrique Peñalosa es de 1,901,309 sufragios, equivalente a un 47,52% del total de número de votos válidos.

El numéro total de votos válidos de la Consulta es de 2,901,768, los votos nulos resultaron ser 208,963, y los votos no marcados fueron 889,773, para un total de 4,000,504 votos. De otro lado, la votación recibida por la Alianza Verde para la Cámara de Representantes fue de 479,521 votos según el boletín número 42 de la Registraduría.  Para el Senado, los verdes obtuvieron 564,663 papeletas que equivaldrían al 3,94% del total de la votación válida. Así lo muestra el boletín 44 de la Registraduría.

Entonces, si sumamos los votos que favorecen a Peñalosa, y a la Alianza para Cámara y Senado el resultado es de 2,945,493. Una cifra alejada de la que se expone en la página del, antes llamado, Partido Verde.

Lo que me queda es una incertidumbre por saber de dónde salieron los otros 997,022 votos que aseguran tener dentro de los que apoyan y creen que con Peñalosa se puede. Y no es posible que se excusen en que se sumaron los votos obtenidos por los senadores Camilo Romero y John Sudarsky porque hay algo que es bien claro aquí, y es que si los ciudadanos votaron por éstos dos últimos es porque no querían a Peñalosa como candidato verde. Así que no pinten números falsos ni generalicen, porque seguramente de los que dejaron el voto sin marcar, quienes marcaron la papeleta de manera inválida, o los que votaron en Cámara y Senado por la Alianza Verde, muchos tampoco querían a Enrique Peñalosa como candidato a las presidenciales que se avecinan.

lunes, 17 de febrero de 2014

De los trámites y otros demonios del 87'

Si El Espectador no hubiese sido juicioso con su labor periodística desde el momento en que fue creado, seguramente, hubiera sido una Colombia diferente, una Colombia condescendiente, aun más burlada. Incluso, los colombianos hubiéramos sido simple asistentes a un show político, militar, paramilitar y narcotraficante que hubiera dejado más víctimas de las que ya dejó.


Para nadie es secreto que una de las épocas de la violencia más recientes en nuestro país fue aquella que azotó a los colombianos a lo largo de los años 80; momento en que se dinamitó el país y se vendió la institucionalidad por miles de dólares en favor de hombres sedientos de poder. Ya “sabe a cacho” que nos recuerden que quien dirigía los más de 2 millones de kilómetros cuadrados de territorio colombiano era el temible Pablo Emilio Escobar Gaviria, cuyo primo-hermano: José Obdulio Gaviria ha sido un acérrimo y fiel seguidor del uribismo. El mismo (Pablo Escobar) que atentó contra el, en su momento, ministro del Interior: Rodrigo Lara Bonilla, el director de El Espectador: don Guillermo Cano Isaza, el dirigente liberal Luis Carlos Galán Sarmiento y algo más de 10 mil personas, por quienes pagaba sumas millonarias por sus cabezas caídas. ¿Qué más contexto que este infierno ambientado por la droga, prostitutas, sicariato y politiquería?


Recientemente tomé una edición de El Espectador del 31 de diciembre de 1987, víspera del nuevo año, en donde el diario declarado liberal lanzó un sablazo al presidente de la República 1986-1990, Virgilio Barco, en el que cuestionaba el tiquete de libertad otorgado a uno de los capos del Cartel de Medellín más importantes: Jorge Luis Ochoa Vásquez, coautor intelectual de los crímenes ya mencionados y quien de sería en 1989 uno de los que organizó el atentado del vuelo 203 Bogotá-Cali de Avianca que cobró la vida de 110 personas. La primera página titulaba: “¡Qué vergüenza señor presidente!” a modo de despedida y dejando un sinsabor del año que ya se iba.


Y cómo no criticar al gobierno de turno si es que dejó en libertad a uno de los jefes máximos del cartel más grande en la historia mundial del narcotráfico, tal como pasa hoy con los militares juzgados por falsos positivos y quienes purgan penas en cárceles-hoteles resort y viajes al exterior con todas las comodidades y lujos. Cómo no criticar a un Ministerio de trabajo que dejaba en esa fecha una incertidumbre sobre cuánto sería el salario mínimo del siguiente año (1988), mientras unos ofrecían aumentar cierto porcentaje, los otros (las centrales obreras) pedían que se aumentara más. Ni tan diferente a lo que hoy nos toca vivir y pelear con el MinHacienda, Mintrabajo y la ANDI (Asociación Nacional de Empresarios) por subir miserables 26.527 pesos.
Leyendo dicha gaceta del 87’, me encontré con una sorpresa similar a la que este año sacó canas a miles de colombianos: el trámite del cambio de licencia de conducción. En ese momento, los colombianos tenían que llevar los documentos para realizar el trámite al DATT (Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte) ubicado únicamente en el sector de Álamos, en Bogotá, y de allí éstos eran trasladados al INTRA (Instituto Nacional de Tránsito y Transporte) para que a los 5 días les entregaran las licencias, y de no llegar a cumplirse, se armara un caos como el que vivimos desde diciembre del 2013 hasta enero de este año con el mismo trámite. Era llevar los papeles “de Guatemala a Guatepeor”.


¿Cómo era posible que millones de ciudadanos colombianos tuvieran que diligenciar su licencia de conducción exclusivamente en Bogotá? Tal y como pasó recientemente en el departamento de San Andrés y Providencia donde los isleños debían viajar hasta Cartagena, Barranquilla o incluso Bogotá para realizar el mismo inútil trámite.


Esta experiencia me deja un sabor amargo de un país en donde las obligaciones que tenía un gobierno eran recordadas (a gritos) por los medios de comunicación y periodistas para que fueran cumplidas. Es increíble que pasen los años y sigamos peleando por algo que nos corresponde. Es casi irritable que debamos hacer fila hasta para entrar a un baño público. ¿Acaso seguimos viviendo en el siglo pasado? Este análisis se resumen en que:  es casi como leer noticias de este año pero con la diferencia de que hoy somos más colombianos y son más los trámites que burocráticamente nos achacan y pasivamente recibimos. Vivimos en el país de la sagrada tramitología.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Se despide el run run

Hola:

Hoy ha sido uno de los días más cruciales de nuestras vidas desde que nos conocimos. Hoy después de casi seis años de estar cerca, nos distanciamos. Sé que no es fácil para ninguno de ustedes; de hecho para mí tampoco lo es. Hoy dejan que tome otro rumbo, y ustedes, por su lado, empiezan uno nuevo también, uno grato y largo.

Para mí fue muy agradable haberlos encontrado en esta carretera llamada «vida», nunca me imaginé haber recorrido tantos kilómetros de la «mano» de ustedes, o mejor aun, del «pie» de ustedes. Como aquella vez que salimos los cinco, Nora, el mono, los (2) niños y yo,  rumbo a la costa Caribe colombiana..."ni una gripa"diría el mayor de la casa, cuando arribamos Santa Marta. O aquellas veces que nos escapábamos de la rutina y tráfico bogotanos, y nos íbamos para el Tolima y Cundinamarca a calentarnos un rato. También hubo tiempo para el frío, recorriendo la vasta naturaleza y aire puro que caracteriza al departamento de Boyacá. Todo fue lindo.

Cómo me gustaba salir todas las mañanas a las cinco, seis o siete de la mañana para llevarte al trabajo, a ti, papá. Cómo fuimos uno solo en las angostas vías, arterias y avenidas de esta ciudad. Cómo evitamos tráfico, policías y, de vez en cuando, uno que otro semáforo. Cómo corríamos para llegar a tiempo; tú tomando café, yo tomando gasolina.

No puedo negar que simulé un par de veces enfermar. A veces me desajustaba y por mi gusto de andar, no le prestaba mucha atención y seguía rodando. También es grato, para mí, recordar que en varios momentos fuimos seis, con Luna, y hasta hace poco también con León, y que muchas veces fuimos, siete, ocho, o nueve andando...

Como todo en el mundo y en la vida envejece, a mí me sucede lo mismo. Hoy, luego de muchos, muchísimos kilómetros con ustedes debo reconocer que no soy el mismo de hace unos años, que hay dolores que me aquejan, que sufro de taquicardia en mi acelerador y que algo dentro, muy dentro, de mí que no anda bien. Como ven también he enfermado. Perdón por tantas veces que los dejé tirados en medio del desespero y la ira, pero es que... pero es que de verdad que no podía más.

Solo quiero agradecerles por tantas andanzas y aventuras juntos, por tantas lavadas merecidas, por tantas salidas y por tantas «llenadas de tanque», siempre supieron cómo llenar mi vida, y espero que yo haya podido llenar un poquito la vida de cada uno de ustedes. Hoy más que nunca quiero aceptar, como bien lo saben, que no fueron, ni serán, mi único dueño y que tampoco fui el primero en sus vidas; pero lo que más importa es que durante todo este trayecto ustedes fueron mi motor, mis cuatro llantas, porque sin ustedes sencillamente no hubiera sido sino un auto más. Gracias por dejarme ser parte de su familia, ser un Panqueva Ramírez, ser uno de los suyos. Gracias infinitas por recorrer conmigo este lindo periplo.

Yo:
El Astra